Chrysler busca alianzas para sobrevivir en EE.UU.
Ser genuínamente americano ya no sirve a Chrysler, que ha dejado de mirar a Estados Unidos y los vehículos de gran tamaño como su tabla de salvación para abrir su negocio a todo el mundo y a los vehículos pequeños y medianos.
En el plazo de cuatro años, su nuevo dueño, el fondo de capital de riesgo neoyorquino Cerberus, no aceptará a los ejecutivos del grupo otro resultado que no sea duplicar las ventas fuera de Estados Unidos hasta superar el medio millón de unidades.
“Necesitamos crecer rápido, expandir la gama y ganar presencia en mercados emergentes de gran volumen como China y Rusia, pero hay que hacerlo produciendo en lugares donde no cueste tanto fabricar”, explica el responsable internacional de la nueva Chrysler, Mike Manley.
Bajo el mando de Cerberus (fabricante de Chrysler, Jeep y Dodge) ya no tiene obligación de dar información económica, ni siquiera previsiones.
Con todo, su presidente, Bob Nardelli, admitió el año pasado que el grupo perdería alrededor de 2,490 millones de dólares en 2007 por estar “operativamente” al borde de la bancarrota.
En estas condiciones, los más de 10,000 millones de dólares que Cerberus se ha comprometido a inyectar en la compañía tras adquirirla a la alemana Daimler, pagarán más que nada la supresión de capacidad productiva de la compañía en Estados Unidos, provocada por el cierre de plantas y la compra de esa capacidad a otros fabricantes en el extranjero.
