Jaguar XF. El icono de una nueva era

El desarrollo y presentación oficial del nuevo Jaguar XF, que llega para sustituir al X-Type, vienen precedidos de la mayor y más dilatada campaña de lanzamiento. Ésta comenzó hace más de dos años con la presencia de los primeros prototipos en varios salones del automóvil, muestras privadas con la asistencia de su diseñador, Iam Calum; presentación estática del modelo y por fin la definitiva para poder apreciar en toda su dimensión sus cualidades dinámicas. Lo cierto es que se ha hecho de rogar, pero al fin hemos podido comprobar que el aún fabricante británico perteneciente al grupo Ford tiene un modelo que compite con el resto de berlinas de lujo en el segmento más duro del mercado.
El Jaguar XF tiene una longitud de casi 5 metros (4,96 metros), lo que le sitúa en directa competencia con los Mercedes de la Clase E, BMW Serie 5, Audi A6 y Lexus GS300. Esto ya lo dijimos hace unos meses y ahora lo repetimos con la convicción de que se trata de un turismo que va mucho más lejos de lo que sólo su diseño nos había pronosticado. Porque cualquier coche, pequeño o grande, lo primero que tiene que ofrecer es una imagen atractiva, que sea bonito y, sobre todo, diferente, para que su dueño no tenga que decir que se trata de un nuevo modelo, y este rasgo sabíamos que lo tenía el XF desde el primer día que lo vimos. Ahora hemos comprobado que tampoco defrauda en otras cualidades, aunque en este apartado también teníamos suficientes pistas para saber lo que podían dar de sí sus mecánicas, todas conocidas, junto con sus transmisiones y los sistemas de suspensión y amortiguación.
Las primeras reflexiones sobre el XF es que estamos ante un berlina de lujo con los argumentos necesarios para poder catalogarlo como un coche deportivo que, entre otros detalles, cuenta con la mejor aerodinámica que nunca haya tenido un coche de la marca… Que su línea parece vanguardista, pero cuando lo miras con detenimiento afloran detalles retro como el frontal, que recuerda a los primeros XJ, o que los guiños que en este aspecto se han hecho en los faros no han quedado del todo bien resueltos, lo que no empaña el resultado final.
Para reforzar o rematar el efecto vanguardista del coche, al instalarte en el interior se aprecia mejor el esfuerzo por ofrecer algo distinto y exclusivo. Como si se tratara de una ceremonia, al arrancar el coche con el dispositivo sin llave, asistimos al despertar de todos los sistemas que parecen salir de un letargo para ponerse a disposición del conducto. Todo comienza con destellos de luz roja en el pulsador que, tras apretarlo, hace emerger en la consola el mando giratorio del cambio automático, de serie en todas las versiones, al tiempo que se abren las ventanas frontales del sistema de ventilación, como si el coche comenzase a respirar. Una puesta en escena muy efectista acompañada por la apertura de la guantera o el encendido de las luces interiores, con mandos que obedecen con sólo aproximar la mano. Antes de todo este espectáculo habremos podido poner en la mejor posición el asiento, que gracias a sus reglajes de la banqueta, respaldo y columna de dirección nos deja en la disposición más cómoda posible y si lo queremos y gusta, también deportiva. El espacio es amplio, como no podría ser menos en una berlina de casi 5 metros de longitud y sólo se aprecia cierta limitación en la altura de las plazas traseras, pero que sólo será un problema en personas de mucha altura. El maletero dispone de 500 litros o 540 litros según el tipo de rueda de repuesto que se elija, con la opción de tener 420 litros más al plegar los respaldos de los asientos traseros.
Indistintamente de la mecánicas que funcione bajo el capó una vez en marcha el silencio en el interior es prácticamente el mismo, el ideal para disfrutar del equipo de música elegido o para mantener una conversación relajada. Y hablando de mecánicas, el XF estará disponible con motores de gasolina V6 3.0 y 238 caballos y V8 4.2 litros de 298 caballos en versión base y 416 caballos en supercharged. En España el más demandado será el conocido diésel V6 2.7 biturbo de 207 caballos. En todos los casos los motores están acoplados a cajas de cambio automáticas de seis velocidades, con el citado mando giratorio y sistema secuencial con levas en el volante. La propulsión, como es tradición, es trasera

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